Open Access
CC BY-NC-ND 4.0 · Revista Chilena de Ortopedia y Traumatología 2025; 66(02): e75-e84
DOI: 10.1055/s-0045-1812507
Artículo Original | Original Article

La Infiltración Pericapsular Intraoperatoria Estandarizada es Superior a los Bloqueos Regionales Anestésicos en Artroplastia Total de Rodilla

Article in several languages: español | English

Authors

  • Alex Vaisman Burucker

    1   Departamento de Ortopedia y Traumatología, Facultad de Medicina, Clinica Alemana, Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile
  • Hernan Braun Walder

    1   Departamento de Ortopedia y Traumatología, Facultad de Medicina, Clinica Alemana, Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile
  • Santiago Vial Ruiz Tagle

    2   Facultad de Medicina, Universidad de Los Andes, Santiago, Chile
  • Rodrigo Guiloff Krauss

    1   Departamento de Ortopedia y Traumatología, Facultad de Medicina, Clinica Alemana, Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile
  • David Figueroa Poblete

    1   Departamento de Ortopedia y Traumatología, Facultad de Medicina, Clinica Alemana, Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile
  • Francisco Figueroa Berríos

    1   Departamento de Ortopedia y Traumatología, Facultad de Medicina, Clinica Alemana, Universidad del Desarrollo, Santiago, Chile
 

Resumen

Introducción

La artroplastia total de rodilla (ATR) es el tratamiento de elección en artrosis avanzada; sin embargo, el dolor postoperatorio sigue siendo un desafío. Los bloqueos regionales anestésicos (BRA) son efectivos, aunque limitan la rehabilitación precoz y requieren de material y personal especializado. La infiltración pericapsular intraoperatoria estandarizada (IPIe), basada en estudios anatómicos previos, surge como alternativa eficaz y segura, con menor compromiso motor.

Objetivo

Comparar los resultados clínicos y funcionales postoperatorios entre IPIe y BRA en pacientes sometidos a ATR.

Materiales y Métodos

Se realizó un estudio retrospectivo en 41 pacientes con artrosis severa operados por un mismo cirujano en un mismo centro entre 2014 y 2024, distribuidos en tres grupos comparables: G1 (anestesia general (AG) + IPIe (n = 17)), G2 (AG + IPIe +BRA (n = 13)) y G3 (AG + BRA (n = 11)). Se excluyó a pacientes con artroplastia parcial, revisión de prótesis, registros clínicos incompletos y técnicas anestésicas distintas al objeto de estudio. Los pacientes de G1 y G2 recibieron IPIe basada en estudios cadavéricos previos, con una combinación de anestésicos y técnica de infiltración predeterminada. Se evaluó dolor postoperatorio, requerimiento de opiáceos, complicaciones e hitos de rehabilitación.

Resultados

IPIe mostró menor dolor a las 12, 24 y 48 horas postoperatorias (p = 0.022, 0.005, < 0.001), una estadía hospitalaria menor (G1 2.3, G2 3.1, G3 3.7 días (p < 0.001)), mejores hitos en rehabilitación a las 12 y 24 horas (p <0.001, 0.002) y menos retrasos en la rehabilitación por bloqueo motor (p = 0.001). No hubo diferencias significativas en requerimientos de opiáceos, complicaciones, ni en dolor y funcionalidad a los 14 días postcirugía.

Discusión

La IPIe mejora la analgesia postoperatoria y rehabilitación funcional tras la ATR, comparada con BRA. Su fácil aplicación por el cirujano, sin requerir personal ni equipamiento adicional, y sin incrementar complicaciones, la postulan como una opción eficiente y segura.

Conclusión

La IPIe mostró mejores resultados clínicos y funcionales en comparación a BRA.

Nivel de Evidencia: C (Estudio retrospectivo comparativo).


Introducción

En 2019, aproximadamente 576 millones de personas en todo el mundo padecían artrosis,[1] siendo la rodilla la articulación más frecuentemente afectada, con una prevalencia estimada de 365 millones de casos.[2] En Chile, la Encuesta Nacional de Salud 2016–2017 reportó una tasa del 14,4% en mayores de 55 años, lo que corresponde a 619.379 personas afectadas.[3] Esta patología no solo afecta la capacidad funcional de las personas que la padecen, sino también su independencia, calidad de vida y salud mental.[4] [5] [6] [7]

Cuando la artrosis de rodilla progresa a estadios terminales, la artroplastia total de rodilla (ATR) es la intervención de elección,[8] aliviando eficazmente el dolor, restaurando la función articular y mejorando la calidad de vida de los pacientes.[9] El número de ATR realizados ha aumentado de forma sostenida,[10] impulsado por el envejecimiento poblacional y el incremento de la obesidad,[11] [12] [13] con proyecciones de crecimiento del 139% para 2040 y del 469% para 2060.[10]

Sin embargo, a pesar de los avances quirúrgicos, hasta el 60% de los pacientes experimenta dolor moderado a severo en el postoperatorio inmediato,[14] lo cual retrasa la recuperación funcional[15] y eleva el riesgo de dolor persistente a mediano y largo plazo.[16] [17]

Los bloqueos regionales anestésicos (BRA), como el bloqueo femoral y el bloqueo del canal aductor, han demostrado eficacia en el control del dolor tras la artroplastia total de rodilla (ATR).[18] [19] No obstante, el bloqueo femoral se asocia con debilidad del cuádriceps, mayor riesgo de caídas y retraso en la movilización temprana.[20] [21] Aunque el bloqueo del canal aductor preserva mejor la función del cuádriceps, persisten dudas sobre su impacto en el riesgo de caídas.[20] [22] Además, ambos procedimientos requieren personal especializado y equipos de ultrasonido de alta resolución, lo que implica una inversión considerable.[23]

La Infiltración Pericapsular Intraoperatoria (IPI), una técnica que consiste en administrar una mezcla anestésica multimodal en puntos estratégicos de la cápsula articular, ha surgido como una alternativa eficaz. Diversos estudios han demostrado una analgesia comparable al bloqueo femoral, sin comprometer la función motora[21] [24] ni requerir una alta especialización técnica o equipamiento costoso. Sin embargo, la falta de estandarización[25] y la gran variabilidad en la técnica,[26] en los fármacos empleados[27] [28] y en los puntos de punción, han limitado su adopción clínica generalizada. Resulta especialmente relevante la falta de estudios sobre los puntos de punción en la región posterolateral, dado el riesgo considerable de lesión vasculonerviosa en esa zona.

Recientemente, estudios cadavéricos[29] y de resonancia[30] han definido zonas de seguridad para infiltraciones de la cápsula articular posterolateral, especificando profundidad, angulación y puntos de referencia anatómicos precisos. Con base en estos hallazgos, este trabajo propone la Infiltración Pericapsular Intraoperatoria Estandarizada (IPIe), diseñada para optimizar la analgesia, homogeneizar la técnica y minimizar complicaciones en la ATR.

El objetivo del estudio es comparar la efectividad clínica, funcional y la seguridad de la IPIe frente a los BRA tradicionales en pacientes sometidos a ATR. Se plantea la hipótesis de que la IPIe proporcionará un control del dolor al menos equivalente, un menor compromiso motor, una recuperación funcional más rápida y una reducción de la estadía hospitalaria, sin aumentar la incidencia de complicaciones.


Materiales y Métodos

Se realizó un estudio retrospectivo analítico que incluyó a 41 pacientes con artrosis severa sometidos a artroplastia total de rodilla (ATR) entre los años 2014 y 2024 en un mismo centro hospitalario por un mismo cirujano. Los pacientes fueron divididos en tres grupos según la técnica anestésica utilizada.

Grupo 1: Anestesia general (AG) + Infiltración Pericapsular Intraoperatoria estandarizada (IPIe) (n = 17).

Grupo 2: AG + Bloqueo Regional Anestésico (BRA) + IPIe (n = 13).

Grupo 3: AG + BRA (n = 11).

Para la IPIe se utilizó una infiltración estandarizada basada en puntos de reparo anatómicos definidos en un estudio cadavérico de seguridad y efectividad previo, infiltrándose 20 mm medial al tendón poplíteo con angulación de 45° hacia lateral (alejándose de estructuras vasculares) y 10 mm de profundidad. Se utilizó una combinación compuesta de bupivacaína 100 mg y acetato de metilprednisolona 80 mg diluidos en suero fisiológico hasta completar 50 ml de la solución. Se infiltró el canal aductor (25 ml), cápsula medial (10 ml), posterior (10 ml) y posterolateral (5 ml). Finalmente, se infiltró la herida operatoria con 20 ml de una solución compuesta por bupivacaína 50 mg y lidocaína 200 mg.

Dentro de los bloqueos anestésicos regionales se incluyeron: bloqueo femoral (n = 20), bloqueo de canal aductor (n = 3) e infiltración ecoguiada entre la arteria poplítea y la cápsula de la rodilla (IPACK) (n = 1).

La totalidad de los datos fueron obtenidos a través de una revisión sistemática de fichas clínicas y protocolos quirúrgicos y anestésicos.

Se excluyó a pacientes con artroplastia parcial, revisión de prótesis, registros clínicos incompletos y técnicas anestésicas distintas al objeto de estudio.

Para asegurar que los grupos sean comparables, se evaluaron parámetros como la edad, sexo, comorbilidades, técnica quirúrgica (robótica frente a convencional), índice de masa corporal (IMC), ASA Score y el antecedente de ATR contralateral.

Se midió el dolor postoperatorio en la sala de recuperación y 8, 12, 24, 48 y 72 horas postcirugía mediante la escala visual análoga (EVA) con valores entre 0 y 10 puntos. Se utilizó como dato la mediana de los datos recolectados en la sala de recuperación por paciente, mientras que para el resto de los datos se permitió un rango de error en su recolección (hasta 2 horas para 8 y 12 horas postoperatorias, y hasta 4 horas para 24, 48 y 72 horas postoperatorias).

Los requerimientos de opiáceos se midieron en el primer, segundo y tercer día postoperatorio. Se consideraron todos los fármacos derivados de opiáceos utilizados y se cuantificaron en equivalentes a miligramos de morfina endovenosa para hacer posible su comparación. La conversión entre opiáceos a equivalentes de morfina endovenosa se realizó a través de calculadoras específicas.[31] [32]

El tiempo de estadía hospitalaria se evaluó, contabilizando como días el número de noches entre la realización del procedimiento y el alta hospitalaria.

La funcionalidad fue evaluada, tanto durante la hospitalización como al momento del alta y en el control ambulatorio, mediante la observación clínica de hitos específicos correspondientes a criterios clínicos utilizados de manera rutinaria en el centro y no a una escala específica validada. Para evaluar la recuperación de la funcionalidad, se indagó en la evolución de los pacientes a las 12 y 24 horas postcirugía. Se distribuyeron en 4 grupos según hitos logrados: bloqueo motor, activación de cuádriceps, bipedestación y marcha. Además, se evaluó la funcionalidad de los pacientes al momento del alta según sus requerimientos funcionales, donde se clasificaron en: andador, 2 bastones, 1 bastón.

Se recopiló la incidencia de complicaciones mayores y menores hasta 30 días postcirugía. Como complicaciones menores se incluyeron: vómitos, hipotensión transitoria, gastritis medicamentosa, globo vesical, recurrencia a servicio de urgencias por dolor, falla de catéter anestésico y descompensación de patologías de base. Como complicaciones mayores se incluyeron: enfermedad tromboembólica, accidente cerebrovascular, infarto agudo al miocardio, infección periprotésica y muerte. La incidencia de náuseas y de retrasos en la rehabilitación por bloqueo motor fue evaluada de manera independiente.

Se evaluó el dolor y la funcionalidad en el control ambulatorio a los 14 días postcirugía (se permitió un rango de error de 4 días). Para clasificar el dolor, los datos se distribuyeron en: sin dolor, leve, moderado y severo, según lo indicado por cada paciente al momento del control ambulatorio, sin utilizar escalas validadas para esta función. Para evaluar la funcionalidad se utilizaron los mismos criterios clínicos que durante la hospitalización nombrados previamente. Los datos se distribuyeron en: marcha con andador, con 2 bastones, con 1 bastón y sin bastones.

Para todos los análisis estadísticos se utilizó el programa estadístico JAMOVI® (versión 2.3.28). Se estableció la significancia estadística con un intervalo de confianza de 95% y un valor p < 0.05.

Para las variables ordinales y continuas se utilizaron pruebas de Shapiro-Wilk para evaluar la distribución de los datos, Levene para homogeneidad de varianzas, Kruskal-Wallis para detectar significancia estadística entre grupos, y Dwass-Steel-Critchlow-Fligner para comparaciones específicas entre dos grupos en el análisis de dolor postoperatorio e hitos de funcionalidad a las 12 y 24 horas postoperatorias.

Para variables nominales se utilizaron tablas de contingencia y pruebas chi-cuadrado.

El tamaño muestral estuvo determinado por la disponibilidad de pacientes admisibles al estudio con registros clínicos completos durante el período entre 2014 y 2024.

El estudio contó con la aprobación del comité de ética institucional y consentimiento informado de todos los pacientes a través del protocolo de seguimiento clínico-imagenológico de pacientes sometidos a cirugías de rodilla del centro del presente estudio.


Resultados

El análisis de las variables de confusión no mostró diferencias significativas entre grupos de estudio al comparar Edad (p = 0.945), Sexo (p = 0.302), IMC (p = 0.732), ASA Score (p = 0.350), presencia de ATR contralateral (p = 0.387) y comorbilidades (p = 0.948). Sin embargo, existió una diferencia significativa en la técnica quirúrgica utilizada, donde en el grupo IPIe se utilizaron significativamente más prótesis con técnica robótica (76% en IPIe vs 38% en IPIe + BRA vs 0% BRA) (p < 0.001). Esta diferencia se debe a la incorporación de la cirugía robótica en ATR de forma contemporánea a la incorporación de la IPIe en el centro donde se realizó el estudio. [Tabla 1]

Tabla 1

Variable

AG + IPIe (n = 17)

AG + IPIe + BRA (n = 13)

AG + BRA (n = 11)

Valor p

Edad, años (media)

64.9

66.3

66.3

0.945

Sexo masculino (%)

7 (41%)

2 (15%)

3 (27%)

0.302

IMC, kg/m2 (media)

29.0

30.5

30.6

0.732

ASA Score (media ± DE)

1.88 ± 0.49

1.92 ± 0.28

2.09 ± 0.30

0.350

Comorbilidades (media ± DE)

2.00 ± 1.50

1.92 ± 0.86

1.91 ± 0.70

0.948

ATR contralateral previo (%)

6 (35%)

2 (15%)

2 (18%)

0.387

Técnica robótica MAKO (%)

13 (76%)

5 (38%)

0 (0%)

<0.001

El análisis mostró diferencias en dolor postoperatorio entre los grupos, siendo IPIe el grupo que mostró menor dolor durante todo el período analizado. Las diferencias fueron estadísticamente significativas a las 12, 24 y 48 horas. [Figura 1], dándose la mayor diferencia entre los grupos IPIe vs BRA. [Tabla 2].

Tabla 2

Tiempo

χ2

gl

p

Recuperación

5,685

2

0.058

8 hrs

5,949

2

0.051

12 hrs

7,668

2

0.022

24 hrs

10,561

2

0.005

48 hrs

14,932

2

<0.001

72 hrs

0.992

2

0.609

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

0.715

0.869

AG + IPIe

AG + BRA

3,723

0.023

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

2,135

0.286

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

0.367

0.964

AG + IPIe

AG + BRA

3,120

0.070

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

2,516

0.177

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

1,580

0.503

AG + IPIe

AG + BRA

3,510

0.035

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

2,420

0.201

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

2,900

0.101

AG + IPIe

AG + BRA

4,710

0.003

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

1,980

0.343

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

1,530

0.526

AG + IPIe

AG + BRA

4,580

0.003

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

3,730

0.023

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

1,265

0.644

AG + IPIe

AG + BRA

1,414

0.577

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

0.345

0.968

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Fig. 1 Gráfico de dolor post operatorio. El grupo AG + IPIe tuvo significativamente menos dolor a las 12, 24 y 48 horas.

Respecto al consumo de opiáceos postoperatorios, los requerimientos variaron según grupo día a día. [Figura 2]. Sin embargo, no se vieron diferencias significativas entre estos (Día 1: p = 0.649, Día 2: p = 0.695, Día 3: p = 0.074).

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Fig. 2 Gráfico de caja y bigotes de consumo de opiáceos postoperatorios en equivalentes a mg de morfina. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre grupos en los días analizados.

El tiempo de estadía hospitalaria mostró diferencias entre los distintos grupos (IPIe 2.3 días, IPIe + BRA 3.1 días y BRA 3.7 días). La diferencia fue significativamente menor en IPIe vs IPIe + BRA (p = 0.019) y vs BRA (p < 0.001). No hubo diferencias entre IPIe + BRA y BRA (p = 0.186). [Figura 3].

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Fig. 3 Gráfico de cajas y bigotes de tiempo de estadía hospitalaria. El grupo AG + IPIe obtuvo una estadía significativamente más corta en comparación al resto de grupos.

En cuanto a la recuperación precoz de la funcionalidad, IPIe mostró una recuperación significativamente más rápida en comparación a los otros grupos. Tanto a las 12 h (p < 0.001) como a las 24 h (P = 0.002). [Figura 4]. Las comparaciones específicas entre dos grupos mostraron que la recuperación de la funcionalidad de IPIe fue significativamente más temprana en comparación a cada uno de los grupos restantes, tanto a las 12 como a las 24 h. No hubo diferencias significativas entre IPIe + BRA y BRA tanto a las 12 como a las 24 h. [Tabla 3]. Con respecto al nivel de funcionalidad al momento del alta, no hubo diferencias entre grupos (p = 0.950).

Tabla 3

Tiempo

χ2

gl

p

Funcionalidad 12 hrs

24.7

2

<0.001

Funcionalidad 24 hrs

12.0

2

0.002

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

-5.530

<0.001

AG + IPIe

AG + BRA

-6.760

<0.001

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

-1.520

0.530

Grupos Comparados

W

p

AG + IPIe

AG + IPIe + BRA

-3.410

0.042

AG + IPIe

AG + BRA

-5.250

<0.001

AG + IPIe + BRA

AG + BRA

-1.320

0.622

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Fig. 4 Gráfico de barras de la funcionalidad precoz a las 12 y 24 horas postoperatorias. El grupo AG + IPIe tuvo una recuperación significativamente más temprana, tanto a las 12 como a las 24 hrs.

En cuanto a las complicaciones postoperatorias, no hubo diferencias significativas en relación a complicaciones menores entre grupos. (p = 0.133). [Figura 5]. En el grupo IPIe se registró un caso de descompensación de diabetes mellitus. En el grupo IPIe + BRA se observaron dos episodios de retención urinaria, una reconsulta en el servicio de urgencias por dolor y un caso de hipotensión transitoria. En el grupo BRA se reportaron dos fallas del catéter de bloqueo, una reacción cutánea atribuible a fármacos y un episodio de gastritis medicamentosa. No se reportaron complicaciones mayores en ninguno de los grupos.

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Fig. 5 Gráficos de barra según incidencia para bloqueo motor, complicaciones menores y náuseas según grupo. Si bien hubo una tendencia a menores complicaciones en general en el grupo AG + IPIe, esta fue estadísticamente significativa al comparar casos de retraso en la rehabilitación precoz por bloqueo motor (p 0.001).

La incidencia de náuseas fue menor en IPIe, donde se reportaron en solo un 6% de los pacientes en comparación a IPIe + BRA (8%) y BRA (36%). Sin embargo, la diferencia entre grupos no fue significativa (p = 0.058). [Figura 5].

El retraso en la rehabilitación debido al bloqueo motor fue significativamente mayor en pacientes que se sometieron a BRA (p = 0.01). [Figura 5].

No hubo diferencias significativas tanto en funcionalidad como en dolor al momento del control ambulatório, 14 días postcirugía (p = 0.328 y 0.391, respectivamente).


Discusión

En el presente estudio, la infiltración pericapsular intraoperatoria estandarizada (IPIe) redujo de forma significativa el dolor postoperatorio a las 12, 24 y 48 horas, facilitó la movilización precoz y acortó la estadía hospitalaria sin aumentar la incidencia de complicaciones. No hubo diferencias significativas en cuanto al requerimiento de opiáceos, y la IPIe mostró un perfil de seguridad comparable al de los bloqueos regionales anestésicos tradicionales.

La Infiltración Pericapsular Intraoperatoria (IPI), descrita por Kerr et al. en 2008 para preservar la función muscular y favorecer la rehabilitación temprana en ATR,[33] se ha popularizado como alternativa a los bloqueos nerviosos. A diferencia de estos, puede ser administrada por el cirujano durante la cirugía, sin requerir personal ni equipamiento especializado, y con visión directa de los tejidos, lo que reduciría el riesgo de lesión de estructuras adyacentes.

Su limitación principal es la falta de criterios estandarizados para los puntos de punción. En especial, infiltrar el compartimento lateral de la cápsula posterior en la fosa poplítea implica riesgo de lesionar el paquete vasculonervioso poplíteo y el nervio peroneo común.[30] Aunque se han propuesto alternativas para evitar esa punción directa, los resultados sobre la difusión de la analgesia son contradictorios,[34] [35] lo que hace necesario definir puntos anatómicos seguros antes de la inyección.

Con este propósito, un estudio preliminar cadavérico realizado en 2023 en nuestro laboratorio evaluó la difusión analgésica y la seguridad de inyecciones en dos puntos de la cápsula posterolateral: uno 20 mm medial y otro 20 mm lateral al tendón poplíteo, ambos a 45° de angulación y 10 mm de profundidad. Se observó difusión equivalente en ambos sitios y ausencia de daño al nervio peroneo común, destacando la inyección medial por presentar una zona de seguridad ligeramente mayor.[29] Otro estudio en 2024 llevado a cabo por Mifsut–Aleixandre et al. arrojó resultados similares.[30]

El presente estudio se basó en estos hallazgos, utilizando el punto anatómico medial al tendón poplíteo para proponer la “Infiltración Pericapsular Intraoperatoria Estandarizada” (IPIe), una técnica reproducible que busca optimizar la analgesia, minimizar la variabilidad técnica, y disminuir los efectos adversos en la artroplastia total de rodilla.

Los pacientes sometidos a IPIe presentaron menor dolor postoperatorio que los grupos con bloqueo regional a las 12, 24 y 48 h. Esto contrasta con la literatura: aunque la IPI reduce eficazmente el dolor,[27] [33] [36] [37] [38] varios estudios y metaanálisis describen analgesia similar con bloqueos[21] [39] o incluso mayor analgesia inmediata con estos, en reposo[40] [41] [42] y en movimiento.[43]

La menor intensidad dolorosa favoreció la recuperación funcional y movilización temprana (12–24 h). A diferencia de los bloqueos regionales, IPIe no generó retrasos por bloqueo motor, facilitando la activación y marcha precoz. También se observó menor estadía hospitalaria, en línea con estudios que vinculan buen control del dolor y rehabilitación temprana con altas más rápidas sin más complicaciones.[27]

En cuanto al consumo de opiáceos, no hubo diferencias significativas entre grupos en los primeros 3 días. En este punto, la evidencia es contradictoria: se ha documentado disminución de su uso con IPI,[36] [37] [38] pero ensayos comparativos reportan consumos similares[43] o menores con bloqueos.[40] [44] [45]

En seguridad, IPIe mostró un perfil comparable a bloqueos: sin complicaciones mayores, baja incidencia de náuseas, vómitos, retención urinaria y hematomas, y sin lesiones nerviosas en ningún grupo.

Desde una perspectiva clínica, los resultados obtenidos muestran que IPIe ofrece ventajas al combinar un adecuado control del dolor con la preservación de la función motora, lo que facilita la movilización temprana y la rehabilitación precoz. Estas características no solo optimizan la recuperación funcional temprana, sino que también contribuyen a reducir los requerimientos, costos y estadía hospitalaria, mejorando la experiencia global del paciente.

Este estudio presenta varias fortalezas: todos los procedimientos fueron realizados por un único cirujano en el mismo centro, minimizando la variabilidad operatoria; la evaluación multidimensional de resultados ofrece una visión integral del impacto clínico; y el uso de un análisis estadístico riguroso junto a grupos homogéneos en edad, sexo, comorbilidades e IMC refuerza la validez de los hallazgos.

Sin embargo, el estudio presenta limitaciones: la mayor frecuencia de artroplastías asistidas por robot en el grupo IPIe (76% vs. 38% en IPIe + BRA vs. 0% en BRA) podría haber influido en los resultados. En la literatura, existe evidencia tanto a favor[28] [46] [47] [48] [49] como en contra[50] [51] de sus beneficios clínicos en relación con el dolor postoperatorio y recuperación funcional. Si bien se intentó un ajuste estadístico y un análisis mediante modelos de regresión, el tamaño muestral disponible no permitió discriminar con claridad el efecto de la cirugía robótica sobre los resultados observados. Esta limitación metodológica introduce un potencial sesgo que debe ser considerado en la interpretación de los hallazgos. Sobre esta base, resulta pertinente proyectar futuras investigaciones prospectivas, con mayor tamaño de muestra y diseño específico, que permitan abordar esta problemática.

Otra limitación es el tamaño muestral reducido, condicionado por la disponibilidad de fichas completas. Esto limita la potencia estadística, especialmente para la comparación de variables como la incidencia de complicaciones, consumo de opiáceos y resultados funcionales al alta. Por lo tanto, estos hallazgos deben ser interpretados con cautela y corroborarse con estudios de mayor número de pacientes. De todos modos, los resultados estadísticos fueron contundentes y apoyan continuar esta línea de estudio.

Para investigaciones futuras, se propone aumentar el número de pacientes, controlar sesgos quirúrgicos y comparar la IPIe con técnicas como el bloqueo IPACK ecoguiado. Este último, aunque prometedor en el manejo del dolor posterior,[52] [53] [54] requiere equipamiento y personal entrenado, y plantea interrogantes sobre su efectividad[55] [56] [57] [58] [59] [60] y riesgos asociados.[61] [62]

A pesar de estas últimas consideraciones, los resultados obtenidos aportan evidencia que postula a la IPIe como una estrategia analgésica segura y eficaz para la artroplastia total de rodilla, lo que la convierte en una opción atractiva especialmente en contextos de alta demanda los recursos limitados.


Conclusión

La infiltración pericapsular intraoperatoria estandarizada mostró menor dolor postoperatorio, estadía hospitalaria reducida, menor bloqueo motor y recuperación funcional más rápida que los bloqueos regionales, sin aumentar los efectos adversos, posicionándose como una posible estrategia para mejorar resultados postoperatorios en artroplastia total de rodilla.



Conflictos de Intereses

Los autores declaran no tener conflictos de intereses relacionados con este estudio.


Address for correspondence

Hernan Braun Walder, MD
Departamento de Ortopedia y Traumatología, Facultad de Medicina, Clinica Alemana, Universidad del Desarrollo
Santiago
Chile   

Publication History

Received: 03 June 2025

Accepted: 03 September 2025

Article published online:
22 December 2025

© 2025. Sociedad Chilena de Ortopedia y Traumatologia. This is an open access article published by Thieme under the terms of the Creative Commons Attribution-NonDerivative-NonCommercial License, permitting copying and reproduction so long as the original work is given appropriate credit. Contents may not be used for commercial purposes, or adapted, remixed, transformed or built upon. (https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/)

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Fig. 1 Gráfico de dolor post operatorio. El grupo AG + IPIe tuvo significativamente menos dolor a las 12, 24 y 48 horas.
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Fig. 2 Gráfico de caja y bigotes de consumo de opiáceos postoperatorios en equivalentes a mg de morfina. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre grupos en los días analizados.
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Fig. 3 Gráfico de cajas y bigotes de tiempo de estadía hospitalaria. El grupo AG + IPIe obtuvo una estadía significativamente más corta en comparación al resto de grupos.
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Fig. 4 Gráfico de barras de la funcionalidad precoz a las 12 y 24 horas postoperatorias. El grupo AG + IPIe tuvo una recuperación significativamente más temprana, tanto a las 12 como a las 24 hrs.
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Fig. 5 Gráficos de barra según incidencia para bloqueo motor, complicaciones menores y náuseas según grupo. Si bien hubo una tendencia a menores complicaciones en general en el grupo AG + IPIe, esta fue estadísticamente significativa al comparar casos de retraso en la rehabilitación precoz por bloqueo motor (p 0.001).
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Fig. 1. Postoperative pain chart. The GA + SIPI group had significantly less pain at 12, 24, and 48 hours.
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Fig. 2. Box-and-whisker plot of postoperative opioid consumption in morphine milligram equivalents. There were no statistically significant differences between groups on the days analyzed.
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Fig. 3. Box-and-whisker plot of hospital length of stay. The GA + SIPI group had a significantly shorter stay compared to the other groups.
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Fig. 4. Bar chart of early functionality at 12 and 24 hours postoperatively. The GA + SIPI group achieved significantly earlier recovery at both 12 and 24 hours.
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Fig. 5. Bar charts showing incidence of motor block, minor complications, and nausea by group. Although there was a trend toward fewer overall complications in the GA + SIPI group, this was statistically significant when comparing cases of delayed early rehabilitation due to motor block (p = 0.001).