Open Access
CC BY-NC-ND 4.0 · Revista Chilena de Ortopedia y Traumatología 2025; 66(02): e85-e89
DOI: 10.1055/s-0045-1812503
Reporte de Caso | Case Report

Reconstrucción del Aparato Extensor en Re-roturas del Tendón Rotuliano: Técnica con Aloinjerto de Tendón de Aquiles y Revisión Actualizada de la Literatura

Article in several languages: español | English

Authors

  • Natacha Bertoni

    1   Departamento de Traumatología y Ortopedia, Hospital Penco Lirquén, Bio-Bio, Chile
  • Claudio Yañez

    2   Departamento de Traumatología y Ortopedia y Cirugía de Rodilla, Hospital Las Higueras, Bio-Bio, Chile
  • Rául Martínez

    3   Hospital Dr. Franco Ravera Zunino, Rancagua, Chile
  • Tomás Jofré

    4   Departamento de Medicina, Hospital las Higueras, Bio-Bio, Chile
 

Resumen

Objetivo

Presentar un caso de un re rotura del tendón rotuliano manejada con aloinjerto del tendón de Aquiles y revisión de la literatura.

Material y Métodos

Paciente hombre de 31 años, sin antecedentes mórbidos, sufre traumatismo de rodilla derecha evolucionando con impotencia funcional, por lo que consulta en urgencia. Al examen físico se describe rótula ascendida y limitación de extensión. Se realiza radiografía de rodilla con hallazgo de rótula alta, por lo que se diagnostica rotura de tendón rotuliano. Acude al pabellón donde se identifica rotura proximal de tendón rotuliano y retináculo lateral, se repara con 3 anclas 5.0. Evolucionando de forma satisfactoria. Re consulta a los 4 meses por presentar nueva contusión en la misma rodilla, con diagnóstico de re-rotura del tendón rotuliano derecho. Se realiza reconstrucción con aloinjerto de tendón de Aquiles con pastilla ósea con túnel trans óseo patelar.

Resultados

El paciente evoluciona de forma satisfactoria, con mecanismo extensor competente, rango articular completo y sin molestias posteriores.

Conclusión

Existe discusión sobre qué técnica es la óptima en el manejo de re rotura del tendón rotuliano. La reconstrucción usando aloinjerto del tendón de Aquiles presenta escasa evidencia en la literatura. Presentamos un caso con esta técnica y revisión actualizada de la literatura.


Introducción

La ruptura del tendón rotuliano es una lesión que afecta el mecanismo extensor de la rodilla. Generalmente, afectan a pacientes jóvenes activos menores de 40 años. Clínicamente, se presenta con una rótula ascendida, asociado al déficit del mecanismo extensor. Su estudio inicia con una radiografía y puede complementarse con resonancia magnética (RMN). Se describen distintas técnicas de reparación y reconstrucción, sin claro consenso de las indicaciones en la literatura.[1] En nuestro trabajo presentamos el caso de una re rotura del tendón rotuliano manejada de forma quirúrgica con reconstrucción utilizando aloinjerto del tendón de Aquiles. Además, revisamos la literatura sobre las opciones de tratamiento.


Reporte de caso

Paciente masculino de 31 años, sin antecedentes mórbidos, sufre traumatismo de rodilla derecha, evolucionando con impotencia funcional, por lo que consulta en urgencia. Al examen físico se describe rótula ascendida, edema y limitación de extensión. Se realiza radiografía de rodilla con hallazgo de rotula ascendida, por lo que se diagnostica rotura de tendón patelar ([Fig. 1]). Acude al pabellón donde se identifica rotura proximal de tendón patelar y retináculo lateral, se reinserta tendón a rotula con 3 anclas 5.0, se sutura tendón con punto tipo Krackow y retináculo lateral con punto simple. Evolucionando de forma satisfactoria.

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Fig. 1 Radiografía rodilla derecha primera consulta, Índice Insall-Salvati 1.5 concordante con patela alta.

Re consulta a los 4 meses por presentar nueva contusión en la misma rodilla, evolucionando con impotencia funcional. Al examen físico con edema y patela ascendida. Se realizó radiografía de rodilla con hallazgo de rotula alta ([Fig. 2]). Con diagnóstico de re-rotura de tendón patelar derecho. Se realiza nueva cirugía, con abordaje anterior, observándose fibrosis y calcificaciones en extremo proximal del tendón rotuliano roto que se resecan. Se preparó aloinjerto de tendón de Aquiles con bloque óseo de 1 × 1 × 3 cm, se dividió en tres cabos a 5 cm de su inserción ósea. Se cruentó el polo inferior de la rótula y se preparó un túnel longitudinal de 7 mm con la guía del ligamento cruzado anterior. Se fijó el bloque óseo en lecho de igual dimensión en la tibia proximal y se pasó el extremo central por túnel transóseo patelar y a través de cada alerón, suturando el extremo de aloinjerto a nivel infra rotuliano ([Fig. 3]). Se instaló una valva de yeso posterior que se mantuvo hasta el primer control en 2 semanas, con control radiográfico ([Fig. 4]). Luego, se cambió a una rodillera articulada que se mantuvo por 4 semanas, con carga progresiva de peso y aumentando grados de flexión . Logrando a los 6 meses extensión completa y 120° de flexión.

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Fig. 2 Radiografía de rodilla derecha, segunda consulta 4 meses post reinserción de tendón patelar. Índice Insall-Salvati 2.1.
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Fig. 3 Reconstrucción tendón rotuliano intrapabellón
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Fig. 4 Radiografía control post reconstrucción con aloinjerto tendón de Aquiles rodilla derecha

A los 2 años de seguimento, el paciente no presenta dolor, tiene un rango de movilidad de 0° a 130°, con buena fuerza del cuádriceps y radiográficamente ha mantenido la altura patelar.


Discusión

La rotura del tendón rotuliano es una lesión en la que se separa completamente el tendón que conecta la parte inferior de la rótula con la tuberosidad anterior de la tibia. Esta lesión es más común en hombres que se encuentran en la tercera o cuarta década de vida.[1] Se describe con mayor frecuencia en pacientes con enfermedades crónicas como insuficiencia renal y diabetes o en atletas jóvenes (<40 años).[2]

Su causa puede deberse a una lesión aguda grave o a una degeneración crónica del tendón rotuliano debido a un estrés repetitivo. La rotura del tendón rotuliano se produce como resultado de una sobrecarga de tracción sobre el mecanismo extensor; generalmente, el cuádriceps se contrae repentinamente con la rodilla en posición de flexión. Suele ser el resultado de una tendinosis subyacente o de un tendón debilitado. La inflamación crónica, como la tendinitis rotuliana, debilita el tendón y puede aumentar la probabilidad de rotura.[3]

El mecanismo extensor de la rodilla involucra varios componentes, incluyendo el tendón del cuádriceps, el tendón rotuliano, la rótula y la unión del tendón rotuliano en la tuberosidad anterior de la tibia.[1] El retináculo medial y lateral está en sus respectivos lados de la rótula y permanece continuo con la fascia hacia la tibia y la rótula. Son estabilizadores rotulianos menores y, si están intactos, pueden proporcionar extensión de la rodilla y elevación de la pierna estirada a pesar de una rotura del tendón rotuliano o del cuádriceps.[4]

En términos de incidencia, la tasa exacta de roturas del tendón rotuliano no se conoce con precisión, pero esta lesión ocupa el tercer lugar en términos de frecuencia entre las afecciones que afectan al mecanismo extensor de la rodilla, después de las fracturas de rótula y las roturas del tendón del cuádriceps. Algunos estudios sugieren que las roturas del tendón del cuádriceps afectan a alrededor del 1,3% de la población cada año, mientras que las roturas del tendón rotuliano tienden a afectar a menos del 0,5% de la población anualmente, siendo más común en hombres.[5]

Los pacientes suelen presentar dolor debajo de la rótula, acompañado de inflamación, dificultad para levantarse estando sentados, limitación para subir y bajar escaleras, para soportar peso y la incapacidad para extender la pierna. A menudo, se escuchan chasquidos durante los movimientos. Durante la exploración física, es posible sentir un defecto palpable debajo del polo inferior de la rótula. Los pacientes también pueden experimentar sensibilidad localizada en esta área y presentar una reducción en la amplitud de movimiento y en la capacidad de extender activamente la rodilla. Al momento de la presentación, es posible que los pacientes aún puedan obtener una extensión debido a un retináculo ileso; sin embargo, habrá un retraso extensor.[1] [2] [6]

La evaluación radiográfica desempeña un papel esencial en la detección de posibles fracturas adicionales. El método de Insall-Salvati se utiliza para determinar la altura de la rótula en una radiografía lateral de la rodilla. Este método se basa en la relación entre la longitud del tendón rotuliano y la longitud de la rótula. Una proporción normal se encuentra entre 0,8 y 1,2. Si la rótula está alta, la proporción será superior a 1,2, mientras que si está baja, la proporción será inferior a 0,8.[7]

La ecografía también se puede utilizar como un estudio adicional en casos de sospecha de ruptura aguda o crónica del tendón rotuliano. La resonancia magnética de la rodilla es una herramienta útil para distinguir entre una rotura parcial y completa del tendón. Ayuda a determinar la ubicación exacta de la rotura, la presencia de cualquier degeneración del tendón, la posición de la rótula y cualquier lesión intraarticular concomitante de la rodilla.[7]

Las roturas del tendón rotuliano las podemos clasificar según el tiempo de evolución y el sitio de rotura. Se pueden dividir en tres sítios, siendo la avulsión proximal del tendón desde el polo inferior de la rótula la más común, debido a la tensión más de tres veces mayor que se observa aquí que en la sustancia media del tendón. Los otros dos sitios de rotura incluyen la sustancia media del tendón, que tiene la desventaja que depende de la curación tendón a tendón en lugar de la curación hueso a tendón y la avulsión del tendón rotuliano del tubérculo tibial.[2]

Según el tiempo de evolución, la podemos dividir en: agudas, que ocurren en menos de 2 semanas, y crónicas, que se producen en más de 2 semanas. Algunas series de casos establecen un límite de 6 semanas para esta clasificación, sin existir un consenso.[1]

Existe discusión sobre la mejor manera de reparar estas lesiones y qué técnica es la óptima. En el caso de roturas agudas, la reparación primaria es más ventajosa para una curación adecuada. A medida que pasa el tiempo desde la lesión inicial, la rótula se retrae proximalmente, hay formación de cicatrices y atrofia de los tejidos circundantes, lo que dificulta la reaproximación del tendón.[1] [2]

La reparación directa terminó terminal con anclajes de sutura o suturas transóseas puede ser un desafío debido a la retracción del tejido y la mala calidad del tendón, puede ser necesaria aumentación con autoinjerto de tendón semitendinoso, generalmente se usa en lesión por avulsión del tendón rotuliano distal.[3] Para las roturas del tendón rotuliano proximal, los puntos de Krackow a través del tendón rotuliano con suturas pasadas de distal a proximal a través de túneles óseos en la rótula reportan buenos resultados.[4]

Sin embargo, el tratamiento más usado es la reconstrucción. Esta puede realizarse usando aloinjerto del tendón de Aquiles o mediante autoinjertos como el injerto óseo-tendón rotuliano contralateral o el injerto de semitendinoso y gracilis. Los autoinjertos de tendón de la corva tienen propiedades biomecánicas cercanas a las del aparato extensor nativo y se utilizan ampliamente para reconstruir el tendón rotuliano.[3]

La reconstrucción con injerto de óseo-tendón rotuliano contralateral tiene la ventaja de reproducir automáticamente la misma altura rotuliana que la rodilla contralateral y aumenta la tasa de consolidación del injerto a través de los bloques óseos del injerto.[3] Generalmente, implican hacer un túnel transversal en la rótula y oblicuo en la tuberosidad tibial, permitiendo que el injerto pase por la rótula y se ancle a la tibia. Para reproducir una altura rotuliana normal, la distancia entre la rótula y la tuberosidad tibial debe ser igual a la longitud de la rótula.[2]

Ben Fredj et al. describieron túneles rotulianos que se perforan longitudinalmente para aprovechar la huella anatómica del tendón rotuliano y optimizar el recorrido rotuliano. Busca pasar el injerto como un bucle, permitiendo un anclaje sólido sin necesidad de fijación rotuliana adicional, además llevaría a la preservación de la vascularización del tendón al dejar el injerto adherido a la tibia y permite una distribución de fuerza más eficiente y reduce la tensión en el músculo cuádriceps.[3]

Con respecto a la reconstrucción usando aloinjerto del tendón de Aquiles, la literatura es escasa. Un estudio publicado por Karas et al. el muestra una serie de 14 casos de pacientes, en que se realizó reconstrucción del mecanismo extensor con aloinjerto de Aquiles fresco, congelado, no irradiado o reparación Hueso, tendón hueso. Para el uso de aloinjerto de Aquiles se crearon tres túneles rotulianos transóseos. La fijación final se logró con dos tornillos. Se usaron 5 suturas no absorbibles a través del aloinjerto de Aquiles en forma de Krackow y los extremos de sutura se pasaron a través de los túneles rotulianos transóseos creados previamente. La rótula se redujo a medida que se aplicó tensión a las suturas. Las suturas se ataron sobre el polo superior de la rótula con la rodilla en extensión completa. Los resultados de la reconstrucción extensora proporcionaron a los pacientes un retraso extensor postoperatorio mínimo, dolor y un rango de movimiento similar a la rodilla contralateral.[8]

En la revisión sistemática más reciente publicada el 2023 por Hahn A. K.et al., se mostraron buenos resultados funcionales post operatorios y una baja tasa de complicaciones luego de reconstrucciones crónicas con aloinjerto o autoinjerto. En esta revisión, el injerto más usado fue el semitendinoso, que en estudios cadavéricos ha demostrado disminuir los espacios con cargas cíclicas que pueden provocar nuevas roturas, rigidez de rodilla o retraso en la extensión.[2]

Recientemente el 2023 Ryan T. H et al. presenta una técnica para la reconstrucción del mecanismo extensor utilizando un aloinjerto con bloque óseo de Aquiles con aumento usando sutura Fiber Tape® a través de tornillos canulados verticales. El paciente obtuvo un buen resultado con un arco de flexión funcional (al menos 90°) y elevación de la pierna estirada sin retraso. Además de un índice de catón -Deschamps normal en la radiografía.[9]

Se han estudiado los injertos sintéticos, datos retrospectivos sugieren que estos injertos pueden ser menos costosos y tener características biomecânicas y ventajas sobre las opciones de aloinjerto. Sin embargo, los datos prospectivos son limitados, especialmente en el contexto de roturas rotulianas crónicas en rodillas nativas.[8]

Brent A. Geers et al, describió el uso de parches bioinductivos en reparación de roturas del tendón rotuliano, estos proporcionarían un mejor ambiente en el proceso de curación. Están formados por una matriz de colágeno tipo 1 altamente porosa, reforzada con microfilamentos de ácido poliláctico bioabsorbibles para facilitar la curación de tendones y ligamentos. Si bien la literatura es escasa en extremidades inferiores, su uso se ha descrito en reparaciones del manguito rotador.[4]

Dentro de las complicaciones descritas en la literatura se encuentra la Re-ruptura, debilidad del mecanismo extensor residual, retraso extensor residual o incapacidad para extender completamente la rodilla, rigidez de rodilla, atrofia del cuádriceps e infección.[1]

Los protocolos posoperatorios después de la reparación de una rotura crónica del tendón rotuliano suelen implicar seis semanas de inmovilización con un yeso o una rodillera articulada bloqueada en extensión para permitir la curación del injerto. Después de seis semanas, los pacientes suelen iniciar un rango de movimiento pasivo (ROM) y luego progresan lentamente a una ROM activa para reducir la atrofia del cuádriceps y disminuir la formación de adherencias. Después de este período, el paciente permite la ROM total de la rodilla con especial atención para no realizar contracciones excéntricas forzadas.[2]

En general, las roturas crónicas del tendón rotuliano reconstruidas tanto con autoinjerto como con aloinjerto proporcionarán resultados de aceptables a buenos con bajas tasas de complicaciones. Después de la cirugía, se debe enfatizar la inmovilización durante al menos seis semanas para proteger el injerto. Se necesitan más estudios de alto nivel para determinar si ciertas técnicas son más óptimas para la reconstrucción.[2]


Conclusión

La evolución de este caso muestra una recuperación exitosa. La opción de aloinjerto de Aquiles se muestra efectiva en casos de ruptura aguda o crónica del complejo extensor de la rodilla, con un pronóstico positivo en términos de recuperación funcional y flexión de la articulación.



Conflito de Interesses

Nenhum declarado.


Address for correspondence

Natacha Bertoni Fernández
Departamento de Traumatología y Ortopedia, Hospital Penco Lirquén
Bio-Bio
Chile   

Publication History

Received: 20 May 2025

Accepted: 29 August 2025

Article published online:
22 December 2025

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Fig. 1 Radiografía rodilla derecha primera consulta, Índice Insall-Salvati 1.5 concordante con patela alta.
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Fig. 2 Radiografía de rodilla derecha, segunda consulta 4 meses post reinserción de tendón patelar. Índice Insall-Salvati 2.1.
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Fig. 3 Reconstrucción tendón rotuliano intrapabellón
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Fig. 4 Radiografía control post reconstrucción con aloinjerto tendón de Aquiles rodilla derecha
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Fig. 1 Radiograph of the right knee at first consultation, Insall–Salvati index 1.5, consistent with high-riding patella.
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Fig. 2 Radiograph of the right knee at the second consultation, 4 months after patellar tendon reinsertion. Insall–Salvati index 2.1.
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Fig. 3 Intraoperative reconstruction of the patellar tendon.
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Fig. 4 Post-reconstruction control radiograph of the right knee with Achilles tendon allograft.